El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento diario o con el desarrollo. Suele comenzar en la infancia y puede mantenerse en la adolescencia y en la vida adulta. Las estimaciones de prevalencia varían según el método diagnóstico utilizado, pero se sitúan en torno al 5-7% de la población infantojuvenil.
Se trata de un cuadro heterogéneo: no todas las personas con TDAH presentan el mismo perfil, ni con la misma intensidad, ni en los mismos contextos. Por eso, la investigación y las guías actuales insisten en entenderlo como una condición de origen multifactorial, con distintas expresiones clínicas y trayectorias evolutivas.
Un modelo multifactorial: genética, neurobiología y ambiente
Por su complejidad, el TDAH no puede atribuirse a una sola causa. La evidencia disponible apunta a la interacción entre factores genéticos, neurobiológicos y ambientales que, al combinarse, aumentan la probabilidad de desarrollar el trastorno.
Genética y heredabilidad. Los estudios familiares y de gemelos muestran una heredabilidad alta, de forma consistente en torno al 70-80%. Esto no implica determinismo en cada persona, sino que una parte importante de la variabilidad observada en la población está influida por factores genéticos.
Arquitectura poligénica. En la mayoría de los casos, el riesgo genético es poligénico: intervienen muchas variantes comunes, cada una con un efecto pequeño. Grandes estudios genómicos han identificado decenas de loci de riesgo y han relacionado el TDAH con genes implicados en el desarrollo cerebral temprano y en funciones cognitivas como la atención y las funciones ejecutivas.
Factores ambientales. Los factores ambientales rara vez actúan como “causa única”, pero sí pueden asociarse a un mayor riesgo. Entre los más estudiados se encuentran la exposición prenatal a tabaco o alcohol, la exposición al plomo, la prematuridad o el bajo peso al nacer, algunas complicaciones prenatales o perinatales y los traumatismos craneoencefálicos en la infancia. Es importante entenderlos como factores de riesgo, no como explicaciones deterministas en cada caso.
Síntomas y manifestaciones
El TDAH se expresa mediante síntomas de desatención y/o hiperactividad-impulsividad. Actualmente se habla de presentaciones clínicas —predominio inatento, predominio hiperactivo-impulsivo o presentación combinada— porque la forma en que se manifiesta puede cambiar a lo largo del desarrollo.
Desatención
La desatención implica dificultades para sostener la atención, seleccionar lo relevante, organizar la información y mantener el esfuerzo mental cuando la tarea lo requiere.
- Falta de atención a los detalles y errores por descuido.
- Dificultad para mantener la atención en tareas o actividades.
- Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
- No sigue instrucciones o no finaliza tareas.
- Dificultades para organizar actividades y gestionar el tiempo.
- Evita tareas que requieren esfuerzo mental sostenido.
- Pierde objetos necesarios para el día a día.
- Se distrae fácilmente con estímulos externos o internos.
- Olvida actividades cotidianas.
Hiperactividad
En la infancia se observa como exceso de movimiento; en adultos puede expresarse más como inquietud interna o dificultad para permanecer quieto.
- Se remueve en el asiento o mueve en exceso manos y pies.
- Se levanta en situaciones en las que debería permanecer sentado.
- Corre o se mueve en exceso en situaciones inapropiadas.
- Dificultad para jugar o relajarse tranquilamente.
- Sensación de estar constantemente en marcha.
- Habla en exceso.
Impulsividad
La impulsividad refleja dificultades para inhibir respuestas, esperar o valorar consecuencias antes de actuar.
- Responde antes de que se termine la pregunta.
- Dificultad para esperar turno.
- Interrumpe conversaciones o actividades de otros.
- Toma decisiones precipitadas o asume riesgos.
Más allá de los síntomas nucleares
Muchas personas con TDAH presentan también dificultades en funciones ejecutivas, como la planificación, la organización, la gestión del tiempo o la finalización de tareas. Estas dificultades explican gran parte del impacto del trastorno en la vida diaria.
Presentaciones clínicas del TDAH
Se habla de presentaciones porque el perfil puede cambiar con la edad y el contexto.
Presentación Combinada (TDAH-C)
Constituye el fenotipo más prevalente, abarcando entre el 50% y el 75% de los casos. En este grupo, tanto el déficit de atención como la hiperactividad-impulsividad superan el umbral clínico y son funcionalmente equivalentes en su impacto disruptivo.
Presentación con Predominio de Déficit de Atención (TDAH-PI)
Representa aproximadamente el 15% de los diagnósticos, siendo el síntoma predominante la falta de atención profunda, con ausencia de niveles clínicos de hiperactividad manifiesta. Estos pacientes, que parecen estar constantemente en la inopia o ensoñación, suelen pasar desapercibidos en las aulas al no exhibir problemas conductuales molestos.
Presentación con Predominio Hiperactivo/Impulsivo (TDAH-PII)
Caracteriza a cerca del 20% de los adultos diagnosticados. En este subtipo predomina la agitación, la inquietud interna crónica y la reactividad instintiva, operando con un déficit atencional que, aunque presente, no alcanza la gravedad de las dimensiones motoras y de impulsividad.
Diagnóstico y evaluación
El diagnóstico requiere una evaluación clínica completa. No existe una única prueba diagnóstica.
- Inicio de síntomas antes de los 12 años.
- Persistencia durante al menos 6 meses.
- Presencia en dos o más contextos (casa, escuela, trabajo).
- Deterioro significativo en el funcionamiento.
- No explicarse mejor por otro trastorno.
Comorbilidad e impacto
Es frecuente la coexistencia con otros trastornos como ansiedad, depresión, dificultades de aprendizaje o problemas de conducta. Esto puede aumentar el impacto en el rendimiento académico, las relaciones sociales y la vida diaria.
Intervención y tratamiento
El tratamiento del TDAH suele ser multimodal e individualizado.
- Psicoeducación para usuario y familia.
- Intervención conductual y entrenamiento a padres.
- Apoyos y adaptaciones educativas.
- Tratamiento farmacológico cuando está indicado.
- Intervención psicológica centrada en funciones ejecutivas y autorregulación.
Un abordaje adecuado permite reducir los síntomas y mejorar significativamente la calidad de vida.


